Una hermosa muchachita,
y una tarde triste vi,
me dijo su amarga cuita,
en una canción así.
Hoy que volvé de rrotado,
de París la ciudad brula,
de pecho co mo burbuja,
¿a qué tan loca pasíos?
Porque sufrí también esa tortura
y que por vos llo ró mi
corazón.
No quiero ser para tu noche oscura
la dulceci ta de otra noche yo.
Aquel cuartito de la atención
que no se otiene por lo que
yo te doy.
Después del beso en que el amor
unía po r siempre lo que enviaban,
calor de hogar.
Si vos lo vieras, mudo y tristón,
igual queriendo también penar,
ya no se empilcha con el oro del día,
ni vibra con la siena de tu sorta.
Francesa, que no te quito,
Con este amor de porte ña,
y del hombre que ella sueña,
su vida, su alma y su fe.
Te vivo el raro recuerdo de tu aventura,
la tentación vulgar de un cabaret.
Y hoy quiero ser para tu noche oscura,
la luz del día de otra ilusión.
Vuel ve muchacho,
vuelve a mi amor,
porque ninguno te endulzará.
Como esa criosa que en su ilusión
mecía la esperanza bendita
de ser mamá.
Y aquel cuarecito de la perdida
de veras negras
se va a alegrar
Y nos vendrán con el oro del día,
mientras subían en cunas a el soltar.